Día del padre

Los días festivos suelen ser días extraños para mí. No sé bien cómo otros han de vivirlos, puedo suponer, pero las suposiciones no llevan nunca a un buen lugar. En todo caso relataré mi experiencia, aquello único de lo que puedo dar testimonio.
Los días festivos son un día más, tal vez con algunas imposiciones inevitables. Puede que el feriado impida llevar a cabo algunas de las actividades que hago normalmente. Pero la festividad en sí no implica más que una fecha en rojo en el almanaque.
Hoy justo es el día del padre, y veo fotografías, dedicatorias y frases célebres sobre padres vivos y muertos. Lo miro desde afuera y como muchas otras cosas, no puedo verlo de otra manera.
He creído siempre que al elegir ser huérfano corría con una ventaja que otros no tienen y es la que implica descubrir que un buen padre, es un padre muerto. Ahora bien, debo explicar esa frase porque cualquier tonto creería que hay que matar al padre para vivir. Y sí, algo de eso hay, hay que matarlo pero de otra forma. Hay que entender que falla.
La cuestión es que hoy es el día del padre y veo a muchos que a pesar de su edad, siguen siendo hijos. Y a veces eso de seguir siendo hijos les impide convertirse ellos mismos en padres.
No me gusta la exhibición de los afectos en la actualidad, fuera en la virtualidad, en las paredes, o en los famosos candaditos que compulsivamente ponen en un puente en París.
Alguien me dijo que el amor consiste justamente en exhibirlo públicamente; no coincido para nada. Creo que alguien que necesita decirlo y exhibirlo ante los demás no se lo está diciendo a quien debe. Y la tontería de los candaditos y las redes sociales están para eso, para tratar de sostener a fuerza de repetición que hay donde no hay.
Vuelvo al día del padre: fotos, mensajes, cartelitos, insistencia. Debo decir que no me parece mal que se celebre el día, al tipo, al de carne y hueso, pero creo que en esta época todo se ha ido al demonio –por suerte para mí– y sólo se trata de justificar el consumo (“hay que comprarle un regalo a papá.”)
El día del padre es el día de eso que falla. El tipo de carne y hueso que se convierte en padre está condenado de antemano a fallar en su función, porque es necesario que falle. Claro que hubo superhombres que tuvieron hijos… y les destrozaron la vida. Busquen, que los hay.
No importa si cree estar preparado, si le enseñaron, nada lo prepara para eso. Y es ahí, justo ahí, en ese borde filoso donde se juega todo: acceder a ese acto o huir de él.
El padre es otra cosa, el padre se construye y se destruye… y también está el tipo que lo encarna.
Por mi parte, seguiré en la lucha eterna con mi padre, él ha fallado, y me ha fallado… No sé qué es peor, si su amor o su desprecio.
Siempre he creído que el verdadero hijo es aquel que no sigue a su padre, y así seguiré. Aunque debo reconocer que siempre, en el fondo, espero que Él me acepte.

Lucifer Liege Luc Viatour

El Lucifer de Liège -fotografía de Luc Viatour http://www.Lucnix.be

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