Mes: julio 2015

La culpa

La mujer dio algunos pasos y atravesó la puerta. Esperaba liberarse de algo que ni ella misma sabía qué era.
Cargó con sus fantasmas demasiado tiempo, y antes de exorcizarlos pasó mucho tiempo más.
Creía en el tiempo, aunque a veces solía afirmar lo contrario. Esperaba que después de diez, quince o veinte años, las cosas mejoraran. Creyó en eso que dicen la mayoría: el tiempo lo cura todo.
Después de un largo camino supo que el tiempo no curaba nada, que el olvido y el recuerdo eran selectivos, y también supo que había algo más en todo eso que uno recordaba y olvidaba; supo que los fantasmas no vivían solos… que ella los mantenía vivos.
El sacerdote de la iglesia la escuchó, y por medio del sacramento de la confesión creyó que podía liberarla.
No entendió que ella necesitaba de la culpa, así como necesitaba de los fantasmas. Ellos se alimentaban de ella, y ella vivía por ellos.
El sacerdote oyó, perdonó en nombre del Altísimo y exhortó a llevar una vida libre de pecados.
La mujer se sintió libre, por unos pocos instantes sintió cierta liviandad en el cuerpo.
Luego de dos pasos, los fantasmas le hablaron de nuevo. La culpa, con una sonrisa sardónica, la esperó en la puerta de la iglesia.

 004

Franz von Stuck, El pecado