Dragón de Komodo

La lechuza

Ayer por la noche pasé una hermosa noche con amigos. En medio de la charla, del jolgorio y las risas, les conté por qué me gustan ciertos animales.
Según señalaron mis amigos estos animales comparten una característica que a primera vista yo no había notado: son animales -según sus criterios- carentes de belleza.808c95b4e5c257130d2bb353f2135787-sphinx-cat-hairless-cats Entre esos animales se destacan los gatos esfinge y los dragones de Komodo.

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Una vez, en mi niñez tuve la extraña idea de ir a preguntarle a mi madre si yo era linda, si era bonita. La respuesta de mi madre me marcó porque quedé aferrada a ella, es decir le creí a mi madre.
Ante la pregunta mi madre me miró y dijo:
«Hubo una vez una lechuza que había tenido crías, y tenía que alimentarlas, por lo tanto tuvo que ir a buscar comida para ellas. Dejó el nido, y al hacerlo se cruzó con un águila y le advirtió que no se comiera a las crías, el águila prometió no hacerlo.
Al regresar al nido, las crías no estaban.
La lechuza buscó al águila y le preguntó: -¿Has visto unos pichones hermosos, todos blancos y pequeños que estaban aquí en mi nido?
El águila respondió: -No, en el nido sólo encontré unos bichos horribles y me los comí.
Conclusión: Las madres siempre ven lindos a sus hijos.»

Quedé aferrada a esos bichos horribles.
Y así he vivido hasta ahora: el bicho soy yo.
Por ello creo que siempre se puede encontrar algo de belleza, aún en esos animales que la gran mayoría considera feos.
Hubo mucho tiempo en mi análisis para poder nombrar eso, es decir aceptar que siempre lo viví de esa forma, que escuché ese relato y que quedé aferrada a él.
Mi madre fue descuidada, trató de decir la verdad. Y eso habla mucho sobre ella.
Las madres pueden ser brutales.
Los bichos horribles dieron un ser, una consistencia. Frente a ser nada, era preferible ser eso.
Luego descubrí que, en verdad, uno puede ser también otras cosas.
La marca permanece, pero es otra.

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El dragón de Komodo

Negra su piel, áspera, sucia.
Lento o veloz, avanza siempre con certeza.
En su niñez debe huir, porque es carne para otros. Trepa árboles, espera allí.
¿Tiene madre? El dragón de Komodo es renacimiento de sí mismo, es el desafío de la hembra a la naturaleza.
En soledad no necesita macho, se duplica, los crea para sí.
Se reproduce desafiando la ley, y muestra, ante todo, que la vida siempre se abre camino.
Animal casi mítico. Vestigio de dinosaurio confinado en una isla.
Gigante entre los suyos.
Violento, feroz. Un roce de su boca es la muerte. Muerte cruel y lenta, que vacía el tiempo.
El dragón de Komodo es un monumento al tiempo, a la muerte, a lo efímero de la vida.
Y en su andar encuentro la belleza que sólo la muerte nos permite disfrutar.

Flickr - bslmmrs - Komodo dragon