Escritura

La hamaca

Una tarde de otoño, salí a caminar. Pasé por una plaza, y al ver las hamacas me senté en una de ellas. El tiempo no me apresuraba como otras veces.
El sol brillaba azul en el cielo, el viento se escapaba entre las hojas. Un pequeño murmullo se oía de vez en cuando.
Apoyé mi cuerpo en el asiento viejo y roído y, frente a la propuesta del juego, accedí a que el balanceo me llevara.
Oí el chirrido del metal, que en un ritmo preciso acompañó mis movimientos. Algo más allá de mí se dejó arrastrar.
Recordé mi niñez, recordé el vértigo: ese preciso momento en que uno se eleva alto y el viento sorprende suavemente la cara, para luego, rápidamente, caer.
Recordé esa sensación en el estómago. Ese vacío de certezas. La primera sensación del cuerpo al estar enamorados. Creo que la primera experiencia sobre el amor comienza en las hamacas.
Continué balanceándome sin entender muy bien por qué en algún momento de la vida dejamos de jugar.

 (14778412051)

Four feet, wings, and fins (1879)

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The Nightmare

Embarcado en el sueño más profundo la yegua de la noche se acercó a mi oído y tibiamente resopló en él. Y mi sueño trastornado, no pudo más que convertirse en pesadilla.
Solo, en la oscuridad, en la tormenta.
Solo, buscando refugio de un fin que se acercaba inexorable. Busqué a mi esposa, busqué a mi hijita. Las dos estaban perdidas, perdidas para mí.
No supe bien, o no quise saber, si ansiaba sus presencias por ellas o por mí. La noche me abrazaba y desconsolado quise algo conocido que ordenara el mundo.
Abrí los ojos y me dije ¿qué es esto? Allí, en ese preciso instante se oyeron las trompetas. Sólo dos notas bastaron para anunciar el final.

John Henry Fuseli – The Nightmare

La primera vez

Reza el dicho, obvio y evidente, que siempre hay una primera vez.

En eso obvio y evidente nos detenemos: pues claro que siempre habrá primera vez, la vida que vivimos es borrador y entrega final simultáneamente.

Hoy comienza esta escritura, en la que espero se escriba otra cosa.

Hay ideas, que circulan y quieren salir, hay fotografías que recortan escenas del mundo que hay que señalar.

Hay y no hay.

La época permite que el borrador salga a la luz con gran rapidez. Las correciones tal vez lleguen luego, o tal vez todo se borre, o tal vez sólo se reescriba.

Un inicio es un inicio.

Hoy, ahora, en este momento, es la primera vez que escribo.