Hombre

¿Abstención?

Hoy toca la abstención. Frente a una imagen que desgarra la carne con una cuchara sin filo, intento la abstención.
La fotografía circula por todas partes, es imposible no verla. Periódicos, blogs, sitios, e-mail, todo. La imagen está en todo. Es un niño soñando el sueño de la muerte en la arena.
No sé cómo, pero recuerdo algunos pensamientos sobre algunas cosas que me gustan, films que siempre hablan de lo mismo: la venganza. La venganza rápida y despiadada que intenta redimir el daño, como si un daño se reparara con otro más grande… en otra parte, como si un equilibrio pudiera generarse.
Recuerdo cosas sobre lo simbólico, la violencia… pero no alcanza. La indignación, el horror, no sirven para nada. Lo dejan a uno quieto, paralizado. También lo llevan a moverse y a descubrir que frente a algo así lo que hay que hacer es radical, no basta ni lo simbólico.
Esa muerte de hoy, mañana todos la han de olvidar. Esa fotografía que horroriza ya se ha convertido en mercadotecnia.
El capitalismo lo consume todo. Primero, claro, a la humanidad misma.
Matar o morir, matar o mirar, mirar morir, morir.

Aivazovsky -1876- Naufragio

Septiembre, 2015

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Día del padre

Los días festivos suelen ser días extraños para mí. No sé bien cómo otros han de vivirlos, puedo suponer, pero las suposiciones no llevan nunca a un buen lugar. En todo caso relataré mi experiencia, aquello único de lo que puedo dar testimonio.
Los días festivos son un día más, tal vez con algunas imposiciones inevitables. Puede que el feriado impida llevar a cabo algunas de las actividades que hago normalmente. Pero la festividad en sí no implica más que una fecha en rojo en el almanaque.
Hoy justo es el día del padre, y veo fotografías, dedicatorias y frases célebres sobre padres vivos y muertos. Lo miro desde afuera y como muchas otras cosas, no puedo verlo de otra manera.
He creído siempre que al elegir ser huérfano corría con una ventaja que otros no tienen y es la que implica descubrir que un buen padre, es un padre muerto. Ahora bien, debo explicar esa frase porque cualquier tonto creería que hay que matar al padre para vivir. Y sí, algo de eso hay, hay que matarlo pero de otra forma. Hay que entender que falla.
La cuestión es que hoy es el día del padre y veo a muchos que a pesar de su edad, siguen siendo hijos. Y a veces eso de seguir siendo hijos les impide convertirse ellos mismos en padres.
No me gusta la exhibición de los afectos en la actualidad, fuera en la virtualidad, en las paredes, o en los famosos candaditos que compulsivamente ponen en un puente en París.
Alguien me dijo que el amor consiste justamente en exhibirlo públicamente; no coincido para nada. Creo que alguien que necesita decirlo y exhibirlo ante los demás no se lo está diciendo a quien debe. Y la tontería de los candaditos y las redes sociales están para eso, para tratar de sostener a fuerza de repetición que hay donde no hay.
Vuelvo al día del padre: fotos, mensajes, cartelitos, insistencia. Debo decir que no me parece mal que se celebre el día, al tipo, al de carne y hueso, pero creo que en esta época todo se ha ido al demonio –por suerte para mí– y sólo se trata de justificar el consumo (“hay que comprarle un regalo a papá.”)
El día del padre es el día de eso que falla. El tipo de carne y hueso que se convierte en padre está condenado de antemano a fallar en su función, porque es necesario que falle. Claro que hubo superhombres que tuvieron hijos… y les destrozaron la vida. Busquen, que los hay.
No importa si cree estar preparado, si le enseñaron, nada lo prepara para eso. Y es ahí, justo ahí, en ese borde filoso donde se juega todo: acceder a ese acto o huir de él.
El padre es otra cosa, el padre se construye y se destruye… y también está el tipo que lo encarna.
Por mi parte, seguiré en la lucha eterna con mi padre, él ha fallado, y me ha fallado… No sé qué es peor, si su amor o su desprecio.
Siempre he creído que el verdadero hijo es aquel que no sigue a su padre, y así seguiré. Aunque debo reconocer que siempre, en el fondo, espero que Él me acepte.

Lucifer Liege Luc Viatour

El Lucifer de Liège -fotografía de Luc Viatour http://www.Lucnix.be

El rinoceronte

a S.D.

Sueño. Estoy en una ciudad que no es la ciudad que conozco. Es una ciudad extraña. Estoy con mi esposa y mi hija en una camioneta. Avanzamos por las calles, hasta que de pronto, mi esposa deja la camioneta y desaparece. Nos deja solos a mi hija y a mí.
De repente otra mujer abre la puerta de la camioneta, de improviso. Le grito: ¿¡qué hacés!? La mujer pide disculpas y señala, a lo lejos, una multitud en una de las avenidas. Se aleja corriendo.
Veo que más adelante, en un cruce de avenidas la gente está reunida, pero también hay gritos.
Me acerco con la camioneta y una mujer nos impide el paso. Con la mirada tensa, desencajada, señala la avenida principal. Veo que la multitud se abre, y a través de ella pasa un rinoceronte, a toda velocidad. Un jinete corre detrás, tratando de detenerlo.
El rinoceronte pasa cerca de nosotros, golpeando a la gente, elevándolos por los aires. Hay gritos, corridas, espanto. Yo supongo que para no ser golpeados, debemos pasar desapercibidos, no debemos cruzar nuestra mirada con la del rinoceronte.
El rinoceronte pasa nuevamente cerca, golpea más gente. De repente eleva su mirada, me observa y viene hacia mí.

Muscled skeleton, facing front with Rhinoceraus. Wellcome M0010418