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No-toda madre

Ah, la maternidad. Toda teñida de rosa. Toda sagrada, toda sacrificio y no sé cuántas cosas más.
Me pregunto cuántos piensan en el desafío que implica para una mujer sumergirse en el ámbito de la maternidad.

Las madres son sagradas, las madres siempre aman a sus hijos, las madres son buenas… Cuántas mentiras, mitos, y fabulaciones alrededor.

Las madres son como cocodrilos, como tiburones con la boca abierta y hambre perpetua. Si la propia mujer que hay en ella no pone freno a la madre, ¿quién lo hará?

Ah, la maternidad. Toda teñida de rosa…
Las madres son sagradas, las madres siempre aman a sus hijos, las madres son buenas…

Leí un artículo en un periódico que me sorprendió. Me sorprendió porque no cayó en la tontería. Habla sobre el caso de una mujer en Brasil que dejó a su bebé en una bolsa en la puerta de un lugar importante, a la espera de que alguien se lo llevara, tal vez con la esperanza de una mejor vida. No lo sé.
La autora del artículo habla sobre la maternidad, sobre ese halo rosa que todos le ponen encima para no ver lo que la maternidad implica. Y pone el acento en algo que creo es importantísimo: parir un niño no es garantía de que allí haya una madre. Hay madre y hay mujer, y para el bien de todos siempre conviene que sea no-toda.

La madre no es natural, la madre también nace, a veces mucho después de que nació el niño:

La “sinvergüenza” que abandonó a su bebé

Haynes-Williams Motherhood

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¿Abstención?

Hoy toca la abstención. Frente a una imagen que desgarra la carne con una cuchara sin filo, intento la abstención.
La fotografía circula por todas partes, es imposible no verla. Periódicos, blogs, sitios, e-mail, todo. La imagen está en todo. Es un niño soñando el sueño de la muerte en la arena.
No sé cómo, pero recuerdo algunos pensamientos sobre algunas cosas que me gustan, films que siempre hablan de lo mismo: la venganza. La venganza rápida y despiadada que intenta redimir el daño, como si un daño se reparara con otro más grande… en otra parte, como si un equilibrio pudiera generarse.
Recuerdo cosas sobre lo simbólico, la violencia… pero no alcanza. La indignación, el horror, no sirven para nada. Lo dejan a uno quieto, paralizado. También lo llevan a moverse y a descubrir que frente a algo así lo que hay que hacer es radical, no basta ni lo simbólico.
Esa muerte de hoy, mañana todos la han de olvidar. Esa fotografía que horroriza ya se ha convertido en mercadotecnia.
El capitalismo lo consume todo. Primero, claro, a la humanidad misma.
Matar o morir, matar o mirar, mirar morir, morir.

Aivazovsky -1876- Naufragio

Septiembre, 2015