Fragmentos

Dos recuerdos de la niñez

Llego a mi casa de la clase de órgano, tengo las partituras para practicar. Mi madre toma la partitura de “Moritat”, lee las notas y canta.

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Veo planos sobre el escritorio de mi padre, medidas, números, dibujos… No entiendo cómo eso ahí escrito luego va al mundo, cómo encaja en el mundo… con el mundo.

Esos dos recuerdos son similares, algo escrito toca el mundo: ¿cómo es posible?
Recordar que la canción era Moritat añade sorpresa: lo que no tiene sentido es la muerte.

Si me preguntaran por qué el psicoanálisis tan sólo respondería: porque por medio de lo simbólico se puede tocar lo real.

 

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El pavo real

09c7850a4ab1a06be99063949f467011En la feria del barrio, la que está los sábados por la mañana, hay un puesto de verduras. Allí atiende una señora, de la cual no puedo precisar la edad.

Su rostro está marcado por el tiempo. El cabello, recogido con un rodete, tiene líneas plateadas que se pierden.
Es bajita, ágil, amable. Tiene en sus orejas unos pendientes dorados con forma de pavo real, con piedritas rojas que brillan en cada una de las plumas de la cola.

Esos pendientes me recuerdan un pasado cargado de amor y cariño, de cobijo y abrazos. Esos pendientes me recuerdan a muchas mujeres que ya no están, y que me cuidaron a lo largo de la vida, y a las que tomé por madres mías.
Esos pendientes se han convertido para mí en señal de amor: la chica que me cuidaba  y vivía con nosotros, la señora que cruzaba el puente todos los días bien temprano para despertarme con un beso antes de hacer las tareas de la casa, la vendedora de chipa que yo saludaba cuando iba a la escuela. La maestra que me regalaba libros y me abrazaba todo el tiempo. La abuela de una amiga, a la que visitábamos y nos daba consejos cargados de paciencia.

Mujeres que estuvieron para mí y que me adoptaron y yo adopté, y que me quisieron y yo quise. Todo eso encierra el pavo real.

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Sus ojos se cerraron

Qué cosa extraña el encuentro con la muerte.
A mis quince años me compré una agenda electrónica, con algún dinero que debería haber usado para comprar una calculadora científica.
La agenda era divertida, tenia varias funciones. Un día, por estar muy aburrida, miré la fecha de mi cumpleaños y vi que la agenda tenía un calendario que llegaba hasta el año 2100. Podía escribir actividades cada día. De repente, me puse a mirar en qué día caería mi cumpleaños, en cada año, hasta que llegué a una fecha en la que me di cuenta que era imposible que yo continuara viva, a menos que iniciara una competencia con Matusalén. Lo próximo que sentí fue la angustia por la muerte.

Hay un tango que dice “sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando”, es una frase que muestra bien el dolor que la muerte y que la cosa sigue, sigue girando.
Hoy ocurrió que una red social me avisó por el cumpleaños de un colega en España, que sé que ha muerto hace poco. Miré su cuenta y muchos lo saludaban. No pude menos que unir todo.

La serpiente

Caminé a través del jardín para salir del parque, y vi la fuente. La prisa que me empujaba desapareció. Fueron pocos segundos en los que quedé atrapado y la contemplé. No era una fuente que se caracterizara por su belleza, era sencilla. Pero encontrarla, justo en ese momento, fue como un signo del destino.
Era una fuente que tenía esculpida la figura de una serpiente enroscada en su parte superior. Quieta, alerta, a punto de atacar. Sobre un fuentón sobresalía una pequeña varilla, y en ella se sostenía la serpiente.
Miré su boca, sus ojos desafiantes, su mirada de muerte y vacío. Recordé momentos de mi infancia, la felicidad, los juegos, el calor, las frutas, la tierra roja.
La tristeza me ahogó, el recuerdo fue mucho más perturbador que la mirada de la serpiente. Quedé paralizado, como quien contempla la cabeza de Medusa. Es que había recuerdo y muerte, que son dos nombres de lo mismo, en la serpiente.
No sé cuánto la contemplé, pero sí supe que era una señal del destino. Ese animal, ahí, esperándome.
El recuerdo fugaz, la angustia de lo perdido, desapareció; y la serpiente comenzó a moverse, lenta, firme, decidida: se fue.
Continué mi camino, salí del parque. Recordé a la mujer de Lot, su desafío a Dios, y decidí no mirar atrás.

Serpientes

El fantasma

Hace cuatro años que me mudé a la casona, y desde la primera vez que traspasé el umbral de la puerta de entrada, sentí algo frío. Como muchos, olvidé el detalle hasta que pude ponerlo en serie junto con otros, y una vez armada la serie vi la constelación donde antes sólo veía estrellas solitarias.
La primera vez que traspasé el umbral, sentí frío. Dentro de la casona, en el piso superior hay una biblioteca. Es una habitación cargada de libros, todas las paredes están cubiertas de ellos. Es uno de los lugares más atractivos que tiene la casa, sin embargo también es uno de los lugares en los que no se puede estar solo. Hay algo allí que inquieta.
Al fantasma lo vi muchas veces. A cada uno se le presenta de distinta forma, pero todos los que lo han visto escuchan que dice: “Me han traicionado.” No asusta, no persigue, no se mueve, es sólo una figura que entre blancuzca y transparente se presenta en la noche y repite esa frase.
Intenté buscar la explicación, el motivo. ¿Qué atormenta a esa figura etérea, que repite una y otra vez el mismo destino? Lo poco que hallé no era satisfactorio. Más allá de la traición, el fantasma decidió congelar su existencia en ese momento, en esa repetición eterna.
Hubo quien me dijo: “Es absolutamente inútil razonar con un fantasma, no entiende razones porque ,en su fijeza, goza.”
Hoy por la noche aparecerá, y no me lamentaré por él. El fantasma hizo una elección.

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Gustave Dore – Spectrum appearance of Banquo

La caída del rey

“El cargo, el cargo lo es todo”, afirma su majestad.
Coronado desde su juventud, ha tenido tiempo y preparación para el cargo.
Pero el conocimiento que se acumula no puede contra las contingencias de la vida. El cargo no prepara para lo que uno sentirá al sentarse en el trono, al tomar el cetro, al peso de la corona y a ese gesto que se ha repetido siglo tras siglo, la reverencia de los súbditos.
El rey ha imitado al arte, y ha llegado a la vejez sin sabiduría. El rey Lear, más verdadero y vivo que mi monarca, ha tratado de enseñarle algo. Sin embargo su majestad no ha escuchado, ni aprendido.
“El cargo, el cargo lo es todo”, repite su majestad.
Ahora desde el exilio, sigue sin comprender cómo ha ocurrido lo que ha ocurrido.
“El cargo, el cargo lo es todo”, balbucea en solitario. El rey se ha quedado con el cargo. Y nada más.

Homagial Crown (Corona Homagialis)

La tormenta

La noche se acercó con rapidez. Los árboles sostuvieron sus hojas con fuerza, pero el viento implacable las arrastró lejos.
El sonido del aire viscoso, denso, nubló el cielo. Ya no se vio el horizonte, ni la noche misma.
El viento trajo tierra, hojas, arena. Oscuridad.
La tormenta llegó después de tanto anunciarse y envolvió la casa entera.
Aislados en una zona poco poblada, rodeados de campo y árboles, el agua y el viento llegaron primeros, para anticipar los rayos.
Salí al patio a mirar, la luz en el cielo me llamó. Como un animal rumbo a la muerte, tomé ese camino. La luz me atrajo y me retuvo. No dejé de observar. Los rayos hablaron entre ellos. Como un mísero resto pude mirarlos y sentir tal vez aquello que sintieron otros, en otras épocas.
El hombre siempre es primitivo. Pensar en dioses frente a una tormenta puede ser fruto de la ignorancia o, puede ser fruto de la más pura poesía.

Błyskawica